martes, 20 de julio de 2010

Eldaeh II

Acabábamos de atracar en Teldrassil. Una ligera brisa me sopló en la mejilla derecha, espabilándome un poco. Dalria espoleó con cuidado a su sable, el cual nos llevó rápidamente hacia el portal que había en Rut'theran. Deslicé un par de dedos por su espalda, hundiéndome en ella de nuevo, agarrándome a su cintura para no caer de la montura, aunque dudo seriamente que ese fuera el principal objetivo.
Cruzamos Darnassus, dirigiéndonos hacia el centro del bosque en busca de algo de tranquilidad, algo que nos relajara cuanto antes. Cabalgamos rápidamente hasta una de las ramas que se extienden en la parte sur del bosque. Dalria se sentó rápidamente en su inicio, dándome la espalda. No tuve más opción que alejarme un poco, mirando hacia abajo. La neblina que se había extendido a esas horas me impedía ver el mar, aunque la agradecí enormemente. El frío empezaba a traspasar mi armadura y a enfriarme los humos, que falta hacía. Me froté con fuerza los brazos y me acerqué a ella, notando su gran inseguridad al hablarme.
No tardamos en acordar irnos a lavar un poco, sólo así se nos quitaría el molesto olor. Tras otro embarazoso viaje aferrado a ella, llegamos a la charca, donde no tardamos en separarnos con el fin de alejarnos el uno del otro durante el resto del día.

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