A estas alturas, ya tenía claro casi todo cuanto había pasado entre Dalria y Thoribas, o al menos eso creía. El antiguo archidruida de la orden, que había sido destituido por la propia Dalria, le había afirmado por la runa que tenía un trato muy beneficioso para hacerle. Eso sí, él ahora mismo se encontraba en Karazhan y sólo allí se lo haría saber a menos que Dalria esperara a su vuelta. Lástima que fuera tan impulsiva. Ella me había hecho saber que quería ir, y yo la intenté convencer de lo contrario, era demasiado tozuda. Estaba claro que Thoribas quería ganar algo, y tenerla allí sola para él era demasiado, incluso yo habría apostado porque querría hacerle algo. La insté a que me dejara acompañarla, pero se negó, al menos accedió a llevar un centinela consigo. Tras despedirme de ella, me largué al barracón, dejándome caer hasta tumbarme en la cama. Tenía un extraño presentimiento, aunque tal vez no fuera tan extraño tras ver todos los roces que había tenido con Thoribas. Era valiente, él no, pero no acostumbraba demasiado a pensar cuanto iba a hacer, y eso iba a jugarle una mala pasada.—Enthelion, ¿estás ahí?— no tardé en oirla. Me preparé para oir el ridículo trato por parte de Thoribas.
—Sí, ¿ocurre algo?
—Un humano me ha dejado inconsciente a nuestra llegada, y cuando he despertado estaba encerrada, pon al corriente al Templo de la Luna cuanto antes.
—Lo haré inmediatamente, ¿partimos hacia el Paso de la Muerte?— pregunto, incorporándome con serenidad.
—No, descuida. Te pondré al corriente en cuanto suceda algo, aún conservo la runa.
Me acerqué al rincón del barracón, agarrando mis hombreras y mi cinturón, con las armas enganchadas a él. Me lo coloqué rápidamente e hice llamar al nuevo recluta. Una vez abajo, monté en la hembra que Dalria me había proporcionado días atrás y me puse en dirección al Templo de la Luna con el objetivo de marchar cuanto antes hacia El Paso de la Muerte.
—¿Está todo bajo control?— pregunté, con el simple objetivo de ver si estaba bien.
—Ya te he dicho que estaba encerrada, no creo que lo tenga bajo control— respondió, sin demasiadas buenas maneras.
Su voz sonó ligeramente nerviosa, aunque cuando la escuchamos, ya estábamos de camino.
Nuestras monturas comenzaban a jadear, pero no pararíamos a descansar tal y como estaban las cosas. Dalria me comunicó que Thoribas le había dado un ultimátum, y que en cualquiera de las dos opciones, ella moriría. Sabía que su relación había pasado a ser penosa, pero no hasta tal punto. Thoribas deseaba el poder completo en la Orden, y haría lo que fuera para conseguirlo, eso lo tenía más que claro. Volví a ponerme en contacto con Dalria para asegurarme de su estado, esta vez sin respuesta. Espoleamos con más fuerza a nuestros sables, obligándolos a correr aún más. Al acercarnos, desmontamos y nos acercamos corriendo, sin hacer demasiado ruido. Vimos al escolta de Darnassus, tumbado en el suelo, degollado. Tardamos en dar con la cripta correcta, ya que visitamos primero todos los sitios en los que creímos que pudiera estar encerrada, Elune quiso que fuera la última la acertada. El tiempo corría en nuestra contra y las esperanzas se habían hecho polvo tras dejar de oir a Dalria y tras nuestra tardanza, que no nos ayudó demasiado. Nos costó entrar en la cripta y cuando dimos con la entrada nos recibió una enorme puerta de hierro, con barrotes que acababan en punta para clavarse en el suelo de piedra. El recluta logró sostener la puerta para que pudiera pasar arrastrándome bajo ella, lo hice rápidamente para evitar que uno de esos barrotes me atravesara al cerrarse.
La voz de Dalria volvió a nuestra cabeza. Estaba viva, encerrada en otro lugar más pequeño.
Recorrí un pasillo enorme, plagado de huesos a los lados y alguna que otra tumba abierta. Llegué a dar a una gran sala, plagada de cuartos más pequeños. Fui a la primera y la golpeé con fuerza en la puerta, esperando oir algo, pero nada. A la quinta, fue la vencida. Pateé la puerta mientras decía su nombre en alto.
—¡Sácame de aquí!— su voz parecía histérica. Hundí mi hombro con fuerza en la puerta varias veces, hasta abrirla. Recorrí la sala con la mirada, dando con su par de ojos blanquecinos. Fruncí el ceño, me miraba extrañamente y estaba semidesnuda, con varias heridas a lo largo de su cuerpo. Me quité la capa rápidamente, poniéndosela con cuidado antes de sacarla de allí.
Salimos de allí velozmente, en dirección a Villa Oscura. El recluta sanó las heridas de Dalria antes de volver a Darnassus, completamente cansados.
Al llegar, Dalria se fue hacia casa de Jedern, alguien a quien precisamente no le guardé demasiado respeto durante su existencia, yo le di vueltas a todo lo que había pasado, exhausto.
Concretamente, pensé en qué había sido lo que había visto Dalria. Yo tan sólo recorrí un mísero pasillo y había visto demasiado, no quise, ni quiero; imaginarme que diablos podría haber allí dentro. Soñé con lo que vi al entrar en su tumba, al verla, con el horror que trasmitían sus ojos, con ella.

Cabronazo, pero escribe más, me has dejado en vilo ahora >.<
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