—¡Centinela!Me giré y miré al enano, que me hablaba desde su posición.
—¡Será mejor que os apresuréis, dudo que queráis morir congelados!— dijo, casi gritando.
Aparté algunos copos de nieve que se habían posado en mi rostro, con cuidado. Dirigí una nueva mirada acantilado abajo, a las tierras nevadas de Dun Morogh. Segundos después, hice caso al enano y retomé la marcha.
Hundí con fuerza mi bota derecha en la nieve, impulsándome para seguir subiendo. Dos kal'doreis liderados por un enano, parecía una broma, pero ahí estábamos; el enano sabía cómo andar por su tierra y se notaba. Aunque nosotros no comentábamos nada por nuestra parte, tanto el otro elfo como yo estábamos cansados y comenzábamos a sentir un ligero cosquilleo por todo el cuerpo, debido al frío. Me empezaban a doler las piernas a cada paso que daba, pero me limité a seguir la marcha del enano sin hacer un gesto siquiera.
Observaba palmo a palmo todo el territorio, era bonito, sin duda. Me recordaba a Cuna del Invierno, y éso me hizo pensar en Vallefresno. ¿Se repetiría la historia? ¿Volveríamos a perder un paisaje como aquel a manos de los orcos? Estaba enfrascado en mí mismo, la ira me cegaba aunque por fuera no lo hubiera demostrado aún. Para mí, esta batalla no era otra cosa que una oportunidad para redimirme, pagar todo cuanto habíamos perdido en Vallefresno. Era una opción que Elune me había dado para poder volver a dormir tranquilo.
Llegamos a nuestro destino, estaba entumecido. Me froté las manos con fuerza y me apresuré a mi parte del búnker, donde me cambié rápidamente. Era mi último día allí, la Horda había comenzado a retroceder y no se me había perdido nada por aquellas tierras. Añoraba Darnassus y tenía que poner al día a Dalria. Me despedí de la Kal'dorei con la que compartía mi búnker, era la única que me había mantenido cuerdo entre tanto enano y con la que me había entretenido mínimamente.
Tras ésto, me puse rumbo a Darnassus, ansioso por llegar.
—¡Será mejor que os apresuréis, dudo que queráis morir congelados!— dijo, casi gritando.
Aparté algunos copos de nieve que se habían posado en mi rostro, con cuidado. Dirigí una nueva mirada acantilado abajo, a las tierras nevadas de Dun Morogh. Segundos después, hice caso al enano y retomé la marcha.
Hundí con fuerza mi bota derecha en la nieve, impulsándome para seguir subiendo. Dos kal'doreis liderados por un enano, parecía una broma, pero ahí estábamos; el enano sabía cómo andar por su tierra y se notaba. Aunque nosotros no comentábamos nada por nuestra parte, tanto el otro elfo como yo estábamos cansados y comenzábamos a sentir un ligero cosquilleo por todo el cuerpo, debido al frío. Me empezaban a doler las piernas a cada paso que daba, pero me limité a seguir la marcha del enano sin hacer un gesto siquiera.
Observaba palmo a palmo todo el territorio, era bonito, sin duda. Me recordaba a Cuna del Invierno, y éso me hizo pensar en Vallefresno. ¿Se repetiría la historia? ¿Volveríamos a perder un paisaje como aquel a manos de los orcos? Estaba enfrascado en mí mismo, la ira me cegaba aunque por fuera no lo hubiera demostrado aún. Para mí, esta batalla no era otra cosa que una oportunidad para redimirme, pagar todo cuanto habíamos perdido en Vallefresno. Era una opción que Elune me había dado para poder volver a dormir tranquilo.
Llegamos a nuestro destino, estaba entumecido. Me froté las manos con fuerza y me apresuré a mi parte del búnker, donde me cambié rápidamente. Era mi último día allí, la Horda había comenzado a retroceder y no se me había perdido nada por aquellas tierras. Añoraba Darnassus y tenía que poner al día a Dalria. Me despedí de la Kal'dorei con la que compartía mi búnker, era la única que me había mantenido cuerdo entre tanto enano y con la que me había entretenido mínimamente.
Tras ésto, me puse rumbo a Darnassus, ansioso por llegar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario